Las baterías de iones de sodio han pasado de ser un experimento de laboratorio a un producto comercial en apenas tres años. BYD y CATL ya las venden en coches reales en China, y el argumento de fondo es simple: podrían abaratar el vehículo eléctrico entre un 20% y un 30% al eliminar la dependencia de un mineral escaso y geopolíticamente conflictivo como el litio.

El sexto elemento más abundante de la Tierra frente a un mineral concentrado en tres países

Alrededor del 75% de las reservas mundiales de litio se concentran en Australia, Chile y China, lo que ha convertido su precio en un termómetro geopolítico: entre 2021 y 2022 se multiplicó por siete antes de desplomarse. El sodio, en cambio, se extrae de la sal común y está disponible en prácticamente cualquier país, incluida España a través de sus salinas. Esto no solo abarata la materia prima, sino que elimina un riesgo estratégico que ha preocupado a fabricantes europeos durante años: depender de China para procesar el 65% del litio mundial.

La densidad energética: el problema que todavía no está resuelto

Una celda Na-ion actual almacena entre 120 y 160 Wh/kg, frente a los 200-260 Wh/kg de una celda de litio-ferrofosfato (LFP) equivalente. Esa diferencia del 20-30% se traduce en packs más pesados o con menor autonomía para el mismo volumen. CATL ha anunciado su segunda generación de celdas Na-ion con 175 Wh/kg, cerrando algo la brecha, pero seguir subiendo densidad sin sacrificar la principal ventaja del sodio —su estabilidad térmica— es el reto técnico que define la carrera actual entre fabricantes.

BYD Seagull: el primer coche de sodio a la venta real

El BYD Seagull, un utilitario urbano que en China se vende por el equivalente a unos 10.000 euros, incorpora ya packs Na-ion en parte de su producción, aprovechando que su autonomía objetivo (300 km WLTP aproximados) encaja bien con las limitaciones actuales de la tecnología. BYD no oculta que es una apuesta calculada: para un coche de ciudad, la menor densidad energética del sodio es irrelevante, pero el ahorro de coste en la celda —hasta un 30% menos que el litio-ferrofosfato equivalente— sí se traslada al precio final.

CATL, Farasis y la carrera por Europa

CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, tiene acuerdos de suministro con varios grupos automovilísticos europeos, aunque ninguno ha confirmado todavía modelos concretos con celdas de sodio para el mercado del continente. Farasis Energy, proveedor habitual de Mercedes-Benz, investiga en paralelo su propia química Na-ion. La razón de la cautela europea es regulatoria y de homologación: introducir una nueva química de batería exige repetir baterías de pruebas de seguridad y certificación que llevan entre 18 y 24 meses, un proceso que China acelera con mayor margen de maniobra regulatoria.

Estabilidad térmica: la ventaja de seguridad que no se publicita lo suficiente

Las baterías de sodio resisten mejor los eventos de fuga térmica (thermal runaway), el fenómeno que provoca los incendios espectaculares de baterías de litio dañadas o sobrecargadas. En pruebas de perforación con clavo —el test estándar de la industria para simular un cortocircuito interno—, las celdas Na-ion no han mostrado combustión en ensayos publicados por CATL, mientras que las celdas NMC de litio de alta densidad sí la presentan en un porcentaje relevante de los casos. Para flotas urbanas, autobuses y almacenamiento estacionario, este factor de seguridad pesa tanto como el precio.

Cuándo llegará a Europa y qué esperar realmente

Los análisis de la industria sitúan la llegada de los primeros vehículos con batería de sodio homologados para el mercado europeo en 2027, probablemente en segmentos urbanos y de gama de entrada, no en berlinas de largo recorrido. No se trata de un sustituto universal del litio a corto plazo, sino de una tecnología complementaria: sodio para coches urbanos y almacenamiento estacionario barato, litio de alta densidad (NMC o LFP mejorado) para vehículos que necesitan autonomía superior a los 400 km. La pregunta que deberá responder el mercado en los próximos dos años no es cuál gana, sino qué proporción del mercado se reparte cada química.

El impacto en el precio final de un coche eléctrico europeo

Para un fabricante europeo, sustituir litio por sodio en los modelos urbanos de entrada podría suponer un ahorro de entre 1.500 y 2.500 euros por vehículo en el coste de la batería, el componente individual más caro de un coche eléctrico. Stellantis y Renault, con sus respectivas gamas de utilitarios urbanos (Citroën ë-C3, Renault Twingo eléctrico), son los grupos con más incentivo directo para adoptar esta química en cuanto la homologación europea lo permita, precisamente porque compiten en el segmento donde el precio de entrada decide la venta.