La tecnología climática ha captado más inversión en 2025 que en cualquier año anterior, y por primera vez varias de estas tecnologías empiezan a alcanzar viabilidad económica real, no solo viabilidad técnica de laboratorio. La diferencia entre ambas es la que determina si una solución cambia el mundo o se queda en un prototipo bien financiado.

Energía solar por debajo del céntimo de euro por kWh

El coste de generación solar ha caído por debajo de un céntimo de euro por kilovatio-hora en las mejores ubicaciones del mundo, como ciertas regiones de Oriente Medio y del suroeste de Estados Unidos. España, con más de 300 días de sol al año en buena parte de su territorio, está entre los países con mayor potencial de esta tecnología, y ya no es el coste de los paneles el factor limitante, sino la capacidad de almacenamiento disponible para gestionar la generación cuando no coincide con el consumo, un cuello de botella que las baterías de gran escala todavía no han resuelto de forma barata.

NuScale y Rolls-Royce: la carrera de los pequeños reactores modulares

NuScale Power, Rolls-Royce SMR y varias startups del sector están construyendo los primeros reactores nucleares pequeños y modularizados (SMR, por sus siglas en inglés), diseñados para ser más seguros por su tamaño reducido, más rápidos de construir en fábrica en lugar de in situ, y en teoría más baratos que las plantas nucleares convencionales de gran escala. Se espera que los primeros SMR comerciales entren en operación entre 2028 y 2030, un calendario que ya ha sufrido retrasos respecto a las proyecciones iniciales de hace unos años, un patrón habitual en la industria nuclear que conviene tener presente antes de dar por hechas las fechas anunciadas.

Climeworks y el coste todavía prohibitivo de capturar CO2 del aire

Climeworks opera ya plantas comerciales en Islandia que capturan CO2 directamente del aire mediante tecnología de captura directa (DAC). El coste sigue siendo alto, entre 400 y 600 dólares por tonelada capturada, muy por encima de lo que necesitaría esta tecnología para ser una solución climática a gran escala. Las curvas de aprendizaje de la industria, similares a las que redujeron drásticamente el coste de los paneles solares en la última década, apuntan a costes más competitivos en el próximo decenio, aunque el escepticismo de varios climatólogos sobre depender de tecnologías de captura todavía inmaduras, en lugar de reducir emisiones directamente, sigue siendo relevante en el debate.

Baterías de nueva generación: más allá del litio-ion tradicional

Varias compañías están avanzando en química de baterías de estado sólido y sodio-ion como alternativas al litio-ion convencional, con el objetivo de reducir la dependencia de materiales críticos concentrados geográficamente (como el cobalto o el litio de ciertas regiones) y mejorar la densidad energética. Estas tecnologías siguen en fase de escalado industrial y todavía no han desplazado al litio-ion en aplicaciones de gran volumen, pero varios fabricantes chinos y surcoreanos han anunciado plantas piloto de producción para los próximos dos años.

El matiz que el marketing de "tecnología verde" tiende a omitir

Buena parte de estas tecnologías, pese a sus avances reales, siguen dependiendo de subsidios públicos o de capital de riesgo dispuesto a asumir pérdidas durante años antes de alcanzar rentabilidad de mercado sin ayudas. La diferencia entre una tecnología climática prometedora y una que efectivamente escala a nivel global suele estar en si consigue sobrevivir económicamente sin ese respaldo externo, un umbral que solo la energía solar y, en menor medida, la eólica han cruzado con claridad hasta ahora.